Solidaridad

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La actualidad se nos impone con su bullicio variopinto. Y por lo general, con una nota negativa. Los conciertos que no se realizan, las desazones en lo deportivo, los chats en la política (que ya nos tienen chatos), el caos de las candidaturas que van así y no asá, y pasando por los asaltos y asesinatos que ya forman parte de lo cotidiano para desgracia nuestra. Todo se mezcla en un bolo que atonta con su estruendo y con su inmediatismo, impidiendo una reflexión serena para ir más allá de este torbellino y pensar con tranquilidad de qué manera estamos construyendo el futuro de nuestro país.

Es así como en el plano de la vida económica el tema del excesivo endeudamiento del país no ha generado la reacción que merece. Es más, los economistas de diversas tendencias parecen estar de acuerdo en adormecernos con sus reiteradas afirmaciones, dichas como algo incidental o como mantra, en sentido que no debemos preocuparnos porque el nivel de la deuda sobrepasa el 40% de nuestro PIB. Y arguyen que las principales economías del mundo están endeudadas muy por encima de ese nivel (y con eso, ¡para qué más!). Sí reparan en que la deuda se ha multiplicado por diez en los últimos veinte años, como efecto de los diversos gobiernos que nos han regido durante este par de décadas.

Por lo general pasan por alto que esos países están quebrados y seriamente limitados. Ahora, con la guerra de Ucrania, algo se ha dicho que los europeos no pueden sostener un esfuerzo bélico por falta de respaldo económico. Y en Estados Unidos Trump, empeñado en rescatarlo de la decadencia, apunta también a un mayor endeudamiento. Hay una liviandad que no cuadra con una situación de verdad grave, lo que nos sirve de cortina de humo para despreocuparnos de lo delicado de nuestra situación.

Con la reforma de pensiones se afirmó que el reparto era solidaridad entre las generaciones. Lo que verdaderamente tenemos es que los chilenos del futuro están siendo solidarios con nosotros al subvencionarnos el nivel de vida actual. Peor aún, por decisión nuestra, ellos, los no nacidos, eligen la pobreza para que nosotros, los vivos, parezcamos ricos. Esto me preocupa y le pregunto a Ud., señor lector, ¿no cree que puede ser mucha la viveza nuestra?

Ahora, con el financiamiento de la educación superior, proyecto FES, vamos por lo mismo. La primera tarea es lograr que el país crezca materialmente con realidades y no solo palabras. Después retomaremos los discursos sobre nivel de deuda y solidaridad entre generaciones. (El Mercurio)

Adolfo Ibáñez