Como un jubilado con más de 34 años portando la boina negra manifiesto mi preocupación por lo que estamos viviendo y sus potenciales consecuencias.
Los recientes ataques con bombas y armamento a unidades policiales y los reiterados atentados puede que sugieran a más de alguno que la solución a este problema es militar.
Este es un tema político, y advierto una suerte de desatino involucrar a los militares en la gestión de una problemática no resuelta por nuestra sociedad.
Si es solamente por lograr disuasión para detener los atentados, bueno, pero ello tiene el riesgo de pasar rápidamente a la acción y ahí, algunas dudas.
Me intriga no conocer que las fuerzas policiales —que tienen equipamiento tan eficiente como el de los boinas negras— hayan empleado todo su potencial y que sus numerosas bajas justifiquen este refuerzo militar tan altamente calificado.
Mis dudas continúan cuando en esa región hay personal de otras instituciones que no se percibe que sea empleado ante esta amenaza.
Aumenta mi inquietud sobre esos valientes camaradas, porque emplear fuerzas especiales requiere contar con información o inteligencia muy precisa —lo cual al parecer no es el caso—, y que difícilmente la podrá generar una unidad recién llegada a la zona.
Finalmente, mi mayor inquietud es si las autoridades políticas van a respaldar el empleo de militares —que no actúan como policías—, y no quisiera que un problema político y social lo pagaran los boinas negras ni ningún soldado.
Eduardo Aldunate Herman
Exdirector de la Escuela de Paracaidistas y FF.EE. del Ejército