El “Costo Oculto” del cierre de escuelas

El “Costo Oculto” del cierre de escuelas

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Los colegios son redes de protección: hasta ahora sabíamos que el cierre de escuelas tiene un indudable impacto en la enseñanza, y los resultados de la prueba SIMCE así lo muestran en las generaciones más afectadas por la paralización de clases durante el Covid. Pero hay otros costos “ocultos” de esa paralización, y que puede aplicarse para cualquier cierre de colegios, como huelgas de profesores, estallidos de violencia o desastres naturales. Recordemos que durante la pandemia Chile mantuvo sus escuelas completamente cerradas durante 259 días lectivos, siendo el país de la OCDE que más tiempo suspendió clases presenciales.

  • Esta situación fue analizada en el artículo “Schools as Safety Nets: Break-Downs and Recovery in Reporting of Violence Against Children”, elaborado por Pilar Larroulet, Damian Clarke, Daniel Pailañir y Daniela Quintana, recientemente publicado en el Journal of Human Resources. El estudio examina el papel crucial que cumplen las escuelas en la detección y denuncia de violencia contra los niños. La tesis central afirma que, aunque la violencia infantil sucede principalmente fuera del entorno escolar, especialmente en contextos familiares, las escuelas son esenciales para identificar y denunciar estos casos.

Violencia no reportada contra los niños, niñas y adolescentes: los investigadores examinaron cómo el cierre prolongado generó una fuerte disminución en las denuncias formales de violencia intrafamiliar, agresión sexual y violación contra menores en Chile. Según sus resultados:

  • Se registraron alrededor de 2.800 denuncias menos de violencia intrafamiliar.
  • Se reportaron aproximadamente 2.000 denuncias menos de agresión sexual.
  • Hubo cerca de 230 denuncias menos de violación infantil.

Estos números representan denuncias que habrían ocurrido en un contexto escolar normal. Además, la recuperación de estas denuncias al reabrirse las escuelas fue lenta e incompleta.

¿Por qué son tan importantes las escuelas?: La violencia contra los niños ocurre principalmente en contextos familiares o domésticos, fuera de la escuela (violencia intrafamiliar, abuso físico, sexual o emocional). Sin embargo, las escuelas funcionan como espacios clave de detección y denuncia.

¿Por qué ocurre esto?

  • Los docentes y personal escolar tienen una posición privilegiada para observar señales: Cambios conductuales, marcas físicas, problemas emocionales, bajo rendimiento académico repentino o alteraciones emocionales pueden ser señales de alerta que llevan a una denuncia formal.
  • Las escuelas son lugares seguros para hablar: Niños y adolescentes pueden confiar en profesores o adultos responsables y revelar situaciones de violencia que no se atreven o no pueden denunciar en casa.
  • Visibilidad constante: Los profesores observan de manera cotidiana a los estudiantes, y pueden detectar anomalías o cambios. Sin esta observación directa, muchas situaciones quedan ocultas.

Por lo tanto, cuando las escuelas cerraron durante la pandemia, dejaron de cumplir su rol clave como “red de protección” o “safety net” para detectar y denunciar casos de violencia infantil, pese a que la violencia probablemente continuó ocurriendo o podría incluso haber aumentado.

El artículo destaca precisamente esta paradoja: aunque las escuelas rara vez son el lugar donde ocurre la violencia (en comparación con el hogar), son fundamentales para descubrirla, visibilizarla y denunciarla ante las autoridades.

En resumen: el cierre escolar durante la pandemia rompió temporalmente esa red protectora, provocando una preocupante disminución en la detección y denuncia de la violencia contra niños, niñas y adolescentes.

Implicancias para políticas públicas:

  • Fortalecer el rol protector de las escuelas: Debemos acordar un principio básico: las escuelas deben ser siempre las últimas en cerrar y las primeras en abrir. Así se abordó en Europa el tema del Covid. ¡Hoy en Chile cerramos escuelas por dos días para transformarlas en centros de votación! Pasa cualquier cosa y es lo primero que cerramos. Esa forma de pensar tiene que cambiar definitivamente.
  • Preparación frente a interrupciones escolares prolongadas: Desarrollar mecanismos alternativos robustos, como visitas domiciliarias regulares, seguimiento virtual a niños vulnerables, y campañas de sensibilización dirigidas a las familias y comunidades.
  • Bienestar integral del estudiante como política educativa: Las decisiones sobre cierre o apertura escolar deben evaluar no solo impactos académicos, sino también las consecuencias sobre la protección y bienestar emocional de los niños. Preocupación total por mejorar las asistencia a clases. No olvidemos que la inasistencia reiterada es el primer paso para la deserción. Y el crimen organizado se “alimenta” del reclutamiento de desertores escolares adolescentes en barrios vulnerables.
  • En definitiva, cualquier decisión que afecte el funcionamiento de los colegios debe considerar también su papel clave en la protección infantil. Obviamente, esta situación se aplica para cualquier cierre prolongado, como huelgas de profesores, estallidos de violencia o desastres naturales. Actualmente, en marzo de 2025, hay 12.000 estudiantes en la Región de Magallanes que enfrentan una situación similar, por un paro de profesores que comenzó el 5 de marzo y lleva varias semanas sin resolverse. ¿Cuántas vulneraciones y situaciones de violencia quedarán sin ser detectadas? (Ex Ante)

Joaquín Lavín