La encrucijada: minorías dirimentes y mayorías estériles

La encrucijada: minorías dirimentes y mayorías estériles

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En política, ¿ser mayoría es siempre mejor que ser minoría? Depende. El reciente episodio de la elección del Presidente del Senado para el período legislativo 2025 refleja que, en ocasiones, una minoría con más organización, unidad y disciplina puede propinarle una derrota a una mayoría inarticulada, que ante la falta de un propósito común, deviene en estéril.

La pulsión caudillista y el espíritu de fagocitación ha acompañado históricamente al ethos de la cultura política derechista. En tiempos de escasez de apoyo ciudadano, pero también de abundancia, como el actual. Abundancia, porque los candidatos de oposición (Matthei, Kaiser y Kast) ya prácticamente bordean la barrera psicológica del 60% de respaldo en los estudios de opinión, si es que se extrapolan sus niveles de adhesión en las menciones espontáneas a votos válidamente emitidos.

Por momentos, pareciera que los liderazgos de oposición no son conscientes de la encrucijada histórica a la que se enfrenta el país. Un nuevo gobierno de izquierda supone continuar por una senda de deterioro institucional, estancamiento económico y debilitamiento de la autoridad para, entre otros, romper la preocupante tendencia de cada vez más violenta criminalidad y falta de control en materia de inmigración irregular; la que bien podría tornarse irreversible.

El bochorno de la pérdida de la testera del Senado, por negligencia propia, debiera marcar un punto de inflexión en el derrotero opositor. Pero me temo que la miopía, los egos y falta de estatura de algunos dirigentes de este sector, tornará difícil que se extraigan reales lecciones que permitan remediar esta especie de carrera sin rumbo que algunos parecen estar dispuestos a correr.

En ningún caso se trata de deponer candidaturas presidenciales ni suponer que fórmulas ilusorias como la existencia de una lista parlamentaria única en la oposición, prosperarán. Pero sí de generar un nivel mínimo de coordinación estratégica, donde, respetando las legítimas aspiraciones de cada uno de los proyectos que componen el espectro opositor, estos sean, lo suficientemente generosos y pragmáticos para dibujar un camino que, por un lado, le torne más difícil la permanencia en el poder a la izquierda y, por el otro, pavimente mejores condiciones en el itinerario opositor para las próximas elecciones parlamentarias y presidenciales. ¿O acaso es mucho pedir?

El choque de poderes entre los senadores Ossandón y Kast, es la prueba de que la derecha parece estar dispuesta a dar inicio a un peligroso juego de destrucción mutuamente asegurada. Mientras que, en la vereda de enfrente, se remiten a ese viejo adagio: “a río revuelto, ganancia de pescadores”, porque en un año fundamental considerando que se juegan los descuentos del Gobierno, con un escuálido legado presidencial y situado en el epicentro del ciclo electoral, el control de la vicepresidencia del Senado y de comisiones legislativas claves puede marcar la diferencia. En definitiva, en 2025, el Senado legislará al ritmo que imponga el oficialismo.

El Senador Ossandón y quienes lo apoyaron, debieran saber que cuando se avanza con la izquierda, en último término, es la izquierda la que avanza.

Durante los próximos días, la oposición enfrentará una nueva prueba de fuego: la elección de la mesa directiva de la Cámara de Diputados. ¿Se habrá aprendido la lección o se volverá a tropezar con la misma piedra? Marx decía que la historia se repite dos veces: primero como tragedia, luego como comedia. Si la derecha insiste en jugar a la autodestrucción, esta vez el oficialismo ni siquiera tendrá que esforzarse en escribir el guion ni en montar la puesta en escena del próximo acto. (Ex Ante)

Jorge Ramírez