Desde hace un par de años se viene forjando un cambio de era, es decir, una transformación de la organización y funcionamiento del mundo desde el punto de vista geopolítico.
El imperio de la Pax Americana está cambiando de una manera acelerada y aparentemente, sin rumbo claro. El término Pax Americana se emplea para describir la supremacía o hegemonía de Estados Unidos en el mundo occidental. Es un periodo de paz relativa que comenzó después de la Segunda Guerra Mundial y que atrajo estabilidad y prosperidad económica, a través de una serie de reglas establecidas por organismos internacionales, la mayoría multilaterales, que buscaban regular una serie de sistemas: diplomático, financiero, económico, ecológico, agrario, farmacéutico, judicial, energético, político y militar, por mencionar solo algunos, y por supuesto, con las repercusiones sociales y culturales que ello engendró.
Si bien, la invasión de Rusia a Ucrania en 2022 simbolizó el principio de un cambio de era, las iniciativas de la administración Trump sirven como aceleradores del cambio. El problema es que aún no hay una visión clara de lo que se persigue.
La aplicación de una política migratoria draconiana y las incesantes amenazas de aplicación de aranceles están preparando al mundo para una nueva era de guerras comerciales y económicas y con ello un realineamiento de las estructuras de poder.
Las amenazas de anexión y/o acción militar directa irritan a sus aliados y vecinos, países que, como Canadá, Dinamarca, Panamá y México, se encuentran en estado de choque, entre incredulidad y trauma. Por ello, tantas alusiones a los conceptos de soberanía.
Pero la presión no solo va hacia afuera, las acciones de Trump desestabilizan a la burocracia y a la sociedad estadounidense. Desde cerrar el departamento de Educación, múltiples agencias de desarrollo y cancelar políticas de diversidad, equidad e inclusión, hasta comenzar controversias con el poder judicial. Más allá de crear caos en Washington y en el gobierno Federal, estos cambios tendrán efectos sociales y culturales profundos a nivel mundial.
En el campo militar, la administración Trump desea transformar la distribución geopolítica-militar que Estados Unidos le asigna al mundo mediante la asignación territorial mundial en los Comandos Combatientes Regionales CCDR. Los CCDR dividen al mundo en los comandos para Norte América (NORTHCOM), Centro y Sudamérica (SOUTHCOM), Europa (EUCOM), África (AFRICOM), Medio Oriente (CENTCOM) y el Indo-Pacifico (INDOPACOM).
Las iniciativas de Trump buscan subordinar AFRICOM dentro de EUCOM, con ello reduciendo la importancia estratégica de África para Estados Unidos, una región en donde China y Rusia están muy activos y amalgamar a NORTHCOM y SOUTHCOM en uno solo, llamado AMERICOM, que estaría basado en Colorado en la sede actual de NORTHCOM. Aún más relevante, ha mencionado la intención de que Estados Unidos renuncie a su posición como comandante supremo de las fuerzas de la OTAN en Europa.
Estos cambios no parecen tener una visión estratégica y lo que harán es reducir la relevancia de Estados Unidos en el mundo.
La política de electroshock que la Casa Blanca le está aplicando a su gobierno, su política exterior, economía, alianzas y estatutos militares está funcionando como un acelerador para esta transición de era. (El Heraldo.mx)
Íñigo Guevara
Director de la Compañía de Inteligencia Janes y profesor adjunto de Georgetown University en Washington D.C.