A un mes del plazo para la inscripción de las elecciones primarias para Presidente, el escenario político ya muestra al menos tres candidaturas oficialmente lanzadas en la derecha.
Estas propuestas presentan visiones, capacidades y posibilidades de gobierno notablemente distintas entre sí. El electorado deberá ahora discernir entre estas alternativas, idealmente a través de un proceso de primarias amplio y participativo que permita una verdadera deliberación democrática y la unidad de la derecha, para enfrentar lo que viene.
La derecha en el gobierno deberá enfrentar un desafío crucial: desmontar los mecanismos restrictivos que la izquierda “progresista” implementó durante su gestión. Estos obstáculos surgieron no de un interés por el bienestar ciudadano, sino de una política centrada en el aparato estatal, los gremios afines y la expansión burocrática.
Estos cinco “candados” representan barreras significativas para el desarrollo y la libertad nacional:
Primero, la reforma tributaria diseñada por Arenas y Bachelet estableció un sistema incomprensible y desintegrado que sofoca la inversión mediante cargas impositivas excesivas. Este modelo ha condenado al país a un estancamiento económico, proyectando un mediocre crecimiento del PIB no minero de apenas 1,8% hasta 2034.
Segundo, el régimen de permisos sectoriales se ha convertido en un laberinto irracional e ineficiente donde priman criterios políticos sobre los técnicos. Actualmente, cualquier proyecto de inversión debe sortear miles de observaciones en su evaluación ambiental, generando una severa inseguridad jurídica para potenciales inversionistas.
Tercero, la reforma laboral impulsada por Bachelet en 2016 impuso un paradigma anacrónico que rigidiza el mercado laboral, ignorando las demandas de flexibilidad que exigen tanto los trabajadores contemporáneos como las nuevas tecnologías.
Cuarto, el sistema de educación pública se ha transformado en una estructura centralizada y burocrática donde la calidad educativa nunca fue prioridad. Prueba evidente es el abandono de los Liceos Bicentenarios tanto por los gobiernos de Bachelet como por el de Boric y la destrucción de los Liceos Emblemáticos.
Finalmente, la reforma al sistema político permitió que minorías identitarias, respaldadas por pequeñas agrupaciones políticas, accedieran al Congreso, fragmentando el panorama político y privilegiando intereses particulares por encima del bien común, comprometiendo así la gobernabilidad del país.
Levantar Chile requerirá un gobierno dotado de seriedad, responsabilidad y capacidad ejecutiva y política para desmantelar estos obstáculos impuestos por el autodenominado “progresismo” que, paradójicamente, ha obstaculizado el verdadero progreso nacional.
No bastarán soluciones simplistas para problemas complejos; será fundamental actuar con determinación, profesionalismo y sentido de urgencia para superar tanto la inseguridad como la mediocridad en que ha caído el país.
Es imperativo que el Estado comience a trabajar efectivamente para los ciudadanos, emprendedores y empresarios, reactivando así los motores económicos que devolverán a Chile al lugar privilegiado que nunca debió abandonar.
Chile atraviesa una crisis profunda y, para superarla, necesita profesionales competentes, no aprendices improvisados. (El Líbero)
Sebastián Torrealba