Los tres desafíos de Evelyn Matthei

Los tres desafíos de Evelyn Matthei

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Es difícil negar que la centroderecha enfrentará este año una oportunidad histórica. En efecto, las ideas que defiende parecen ser mayoritarias en el país; o, al menos, conectan mejor con las inquietudes ciudadanas. Además, el Gobierno atraviesa graves dificultades, hasta el punto de que el Frente Amplio todavía no logra dar con un solo militante dispuesto a defender el “legado” en una primaria: curioso modo de admitir su derrota intelectual, política y cultural. Como si esto fuera poco, Evelyn Matthei lleva largo tiempo liderando en las encuestas. Hasta aquí, todo va bien. La conclusión más evidente sería entonces que Chile Vamos regresará a La Moneda el próximo año, de no mediar errores graves. Sin embargo, si miramos más de cerca, la situación es más delicada. La candidatura de Matthei enfrenta múltiples desafíos que debe resolver si quiere triunfar en la presidencial y —tanto o más importante— realizar un gobierno que no defraude las expectativas.

El primer desafío guarda relación con el ala derecha, que ejerce una presión extraordinariamente fuerte. Hay que medir bien este hecho: hay dos candidatos a la derecha de Evelyn Matthei que marcan más de diez puntos cada uno, mientras que ella ha perdido fuerza (lo que era esperable). Son números significativos, que prueban que la sociedad está girando, y que los temas de ese mundo jugarán un papel protagónico en la campaña. Chile Vamos debe leer adecuadamente este escenario, que obliga a elaborar un discurso que logre un doble objetivo: hablarle al público más duro sin dejar de transmitir gobernabilidad. En principio, Evelyn Matthei tiene las condiciones para lograrlo, pues su perfil se acomoda bien a ambos registros, pero la tarea exige trabajar cuidadosamente el equilibrio entre ambos polos. Dicho en simple: no es nada seguro que esta elección se vaya a ganar por el centro.

El segundo desafío, conectado con el anterior, es el siguiente: la imperiosa necesidad de articular una narración política. Resulta fundamental —y urgente— que la candidata logre entregar un mensaje que invite, convoque y cautive. Decir que la política se juega en la cancha de las emociones es una banalidad y, sin embargo, eso no la hace menos cierta. La responsabilidad, por cierto, no es solo de la candidata. Hasta ahora, la centroderecha ha hecho poco y nada por instalar temas, levantar banderas y, en definitiva, decirnos que tiene hambre y que tiene ganas. Los temas sobran, pero al sector le resulta difícil salir del silencio. ¿Por qué no convertir la educación escolar en la gran cruzada nacional? ¿O la recuperación de la natalidad? ¿O la seguridad en libertad evitando los facilismos? Cuesta pensar en actores que se hayan apropiado de estos —u otros— temas, que hayan construido una agenda y ganado un lugar. Los más prudentes dirán que todavía hay tiempo, pero hay muchos (demasiados) interesados en llenar ese vacío. En esta materia, llegar tarde es perder.

Esto nos conduce al tercer desafío, que es propiamente político. Evelyn Matthei tiene talento y trayectoria, pero su éxito no depende solo de ella, sino también de su capacidad a la hora de conformar equipos robustos. La política es una empresa colectiva, y mientras más personas se sientan comprometidas e involucradas con el proyecto, tanto mejor. La defensa que hizo Evelyn Matthei de la pena de muerte —más allá de la opinión que le merezca a cada cual el fondo— hizo patente esta debilidad: su estrategia no estaba organizada, no hubo coro que la secundara ni políticos alineados con el discurso. Esto se agrava aún más porque la carrera es larga, y es natural que haya momentos en que prime el desgaste y el pesimismo. Las candidaturas también son estados de ánimo colectivos que bien pueden derrumbarse en cuestión de horas (bien lo sabe Sebastián Sichel, aunque el contexto era distinto). En este plano, se echa en falta un equipo político más afiatado, que ordene, comunique y coordine los distintos niveles de la campaña. La candidata nunca puede parecer jugando sola, y menos de modo improvisado.

Debe notarse que estas dificultades se volverán cada más visibles conforme pasen las semanas. En rigor, nada indica que la centroderecha vaya a organizar una primaria competitiva, y eso le dará espacio a los desafiantes de lado y lado que buscarán desplazarla del primer lugar. Si ahora cunde una sensación de cierto desgano al interior de Chile Vamos, esa sensación solo se acrecentará en los próximos meses. No se trata de una fatalidad, ni de un problema insoluble, pero urge un diseño que permita enfrentar un período inevitablemente árido. En otras palabras, si estos aspectos no se corrigen durante las semanas venideras, la decepción será mucho mayor, y podría poner en riesgo toda la estantería.

Chile enfrenta crisis muy severas, y la izquierda ha demostrado que carece de las herramientas políticas y conceptuales para hacerse cargo de ellas. En consecuencia, pende sobre Chile Vamos una responsabilidad colosal pues, si no está a la altura de las circunstancias, el país seguirá a la deriva. Si quiere tener éxito, la centroderecha debe transmitir algo más que aquello que hemos visto hasta ahora: debe convencernos de que la aventura posee épica. Los motivos no faltan. Solo faltan los intérpretes. (El Mercurio)

Daniel Mansuy