Autoproclamado “defensor del liberalismo”, el señor Claro clasifica las inversiones extranjeras mediante criterios ideológicos, contradiciendo sus propios principios proclamados de libre comercio y competencia de mercado. Esta postura también desconoce el derecho soberano y las aspiraciones legítimas de los países en desarrollo para elegir libremente sus socios internacionales.
Como principal socio comercial de Chile, la importancia de profundizar las relaciones con China constituye un consenso de la sociedad chilena. Por lo que todos los sectores políticos y sociales chilenos cuentan con “amigos chinos”.
Las inversiones chinas en Chile se hacen mediante decisiones comerciales autónomas entre empresas, aprobadas tras rigurosas revisiones por los organismos reguladores chilenos, cumpliendo plenamente con la legalidad. Las empresas chinas en Chile respetan escrupulosamente las leyes locales, garantizan los derechos laborales y asumen activamente responsabilidades sociales en áreas como la filantropía y protección ambiental. Un ejemplo destacado es Chilquinta, una empresa controlada por China State Grid, galardonada como uno de “Los Mejores Lugares para Trabajar en América Latina”. Y los Institutos Confucio y los malls chinos representan precisamente el resultado de la globalización y la integración cultural Este-Oeste.
Cabe señalar que la cooperación sino-chilena en comercio, los intercambios y el aprendizaje mutuo, culturales y personales, se basan en el respeto mutuo, la igualdad y el beneficio recíproco, generando ganancias concretas para ambos pueblos. Estoy convencido de que el pueblo chileno, con su aguda perspicacia, sabrá discernir la verdad sin dejarse confundir por las desacertadas opiniones. (El Mercurio Cartas)
Niu Qingbao
Embajador de China en Chile